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Obituario: Solórzano Foppa, el adiós al hombre que bailó a la corrupción

Salsa, ron, bomberos y una ceremonia maya despidieron a Juan Francisco Solórzano Foppa, el exfiscal y extitular de la SAT asesinado el 17 de octubre. Sus amigos, colegas y su familia recuerdan al hombre que se negó a dejar Guatemala.

Por Juan Luis García · · Comunidad

Bomberos voluntarios sobre un camión con arreglos florales frente al Palacio Nacional; al lado, una manta con el retrato de Juan Francisco Solórzano Foppa y la frase “Nos quitaron a Foppa, pero nacimos miles de Foppa”.

“Cuánto control y cuánto amor
tiene que haber en una casa
mucho control y mucho amor
para enfrentar a la desgracia”.

“Amor y control”, Rubén Blades
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Son las 9.30 de la noche y a unas horas del entierro del exfiscal Juan Francisco Solórzano Foppa, familiares bailan salsa junto al féretro con el casco de bombero 1644. Es un velorio en la ciudad de Guatemala, con coordenadas de La Habana, en el que el crimen político más importante de la última década se diluye con ron en algunas mesas de la funeraria. “No hubo nada lógico, fue todo inesperado…”, se escucha en la voz del cantante cubano Isaac Delgado, un idilio interrumpido cuyas letras resuenan con el asesinato del carismático abogado que dedicó su vida a la lucha contra la impunidad y la corrupción.

Hijo de dos militantes de izquierda, el comandante guerrillero “Camilo” y la activista revolucionaria Silvia Solórzano Foppa, Juan Francisco nació en Nicaragua en 1983 y creció hasta los 14 años en Cuba. La isla fue un entorno seguro y la salsa siempre le acompañó, de acuerdo con una de sus últimas entrevistas. Aquellos años le habrían marcado, pues aprendió a hablar con un desparpajo que caracterizaría años después su carrera, dicen sus allegados.

Vuelto a Guatemala, un joven Solórzano Foppa definió pronto las vocaciones del resto de su vida. Con 19 años ingresó como pasante al Ministerio Público (MP) en noviembre del 2002; cursó la carrera de Derecho en la Universidad Rafael Landívar y se uniría a los bomberos en el 2004. Una tríada de servicio, donde la vida y la muerte se palpa todos los días.

Bajo la lluvia, bomberos voluntarios suben a un camión el féretro de Solórzano Foppa, cubierto con una tela roja, mientras la gente alza las manos para ayudar.

“Lo único que dijo es que si lo mataban, en el velorio pondrían a Rubén Blades. Lo oyes acá porque era lo que quería. Pedro Navaja le sirvió de canción para dormir a sus hijos, él era muy buen papá, muy amoroso. Entre eso y haber sido voluntario de los bomberos entiendes la alegría de vida y la motivación de ayudar”, dice Julio Solórzano Foppa, tío del difunto, en medio del barullo del velorio.

Una fila que no cesa de nutrirse en Capillas Señoriales, una funeraria sofisticada, le brinda el pésame a la madre este 19 de octubre. Ella se halla serena como quien sabe a plenitud lo que significaba su hijo para el país. Aquí decenas de figuras políticas, luchadores sociales, periodistas y hasta del propio presidente de la República han desfilado en el Salón Los Volcanes para dar su pésame, el último ha prometido acciones para el esclarecimiento del crimen ocurrido el 17 de octubre.

En la sala de velación, entre coronas de flores, un retrato enmarcado de Solórzano Foppa junto a una camiseta del FC Barcelona, un chaleco de la SAT y una chaqueta y una gorra del MP.

“Yo soy el cantante
que hoy han venido a escuchar
lo mejor, del repertorio
a ustedes voy a brindar”.

“El cantante”, Héctor Lavoe
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Juan Francisco Sandoval, exjefe de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI), recuerda a Solórzano Foppa desde el 2003 cuando ingresó a la Agencia 19 del MP y encontró a un grupo de amigos que Solórzano Foppa ya había hecho a su paso, de tal suerte que fue natural conocerlo y forjar una amistad.

“Entonces salíamos, a veces los fines de semana, nos reuníamos en almuerzos, cenas… Él estaba en actividades de la familia. Inclusive conoció a mi abuelito. Conoció a mi familia”, recuerda Sandoval sobre el exfiscal de mismo nombre.

Solórzano Foppa dio resultados desde muy joven en la procuración de justicia. A los 29 años logró una condena contra del pandillero Aldo Dupié Ochoa Mejíal, alias el “Lobo”, por homicidios en su papel de Auxiliar Fiscal.

Esa estamina acompañó a Solórzano Foppa en sus ascensos durante la carrera de 13 años que hizo en la institución, ocupando los cargos de Oficial, Auxiliar Fiscal, Agente Fiscal, Jefe de Unidad de Análisis Criminal, Director de Investigación Criminal y Director de Investigaciones Criminalísticas.

Aníbal Argüello, exanalista criminal conoció a Foppa en la Unidad de Análisis Criminal del MP, que después se convirtió en la Dirección de Análisis Criminal. Uno de los casos más importantes que trabajaron juntos fue el de La Línea, una defraudación aduanera que derivó en una serie de protestas masivas y la renuncia del presidente Otto Pérez Molina.

Argüello lo recuerda como un jefe que confiaba en su equipo, que creaba condiciones e insumos para hacer su trabajo, que procuraba por su crecimiento profesional y que estaba dispuesto, incluso, a pelear para defender el trabajo de su equipo.

“Cuando ocurrió esta lucha en este momento, yo no sé qué pasó, pero se alinearon unos planetas y personas que teníamos una convicción de justicia y de luchar por lo que creíamos. Ver a gente como Foppa te inspira a seguir adelante. O sea, nosotros sabíamos de dónde venía Foppa. No solo de investigar casos de pandillas fuertes, sino que liderar esas investigaciones. Foppa tenía una convicción tremenda de lucha contra la impunidad”, recuerda Argüello.

Una mano sostiene una vela encendida, cubierta de cera derretida, entre personas con capas para la lluvia.

En el 2016 Solórzano Foppa fue nombrado titular de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT). Se le recuerda como un funcionario que se guio por la consigna de que los más ricos deben cumplir con sus impuestos tras haber obligado a Aceros de Guatemala a pagar 782.9 millones de quetzales.

Su salida a principios del 2018 fue un punto de inflexión en su carrera, anota Sandoval, pues había ganado una relevancia nacional que ahora se haría notar en redes sociales.

“Después de dejar la función pública, su voz adquirió una dimensión distinta. Porque vimos que comenzó a pronunciarse frecuentemente sobre acontecimientos políticos, sobre la corrupción, sobre la justicia y sobre las decisiones de las autoridades”, comenta Sandoval.

Su primer TikTok lo hizo el 7 de julio del 2021 pidiendo la renuncia del presidente Giammattei por su ineficiencia para manejar la pandemia y a partir de ahí, sumaría cientos de videos y 139 mil seguidores.

En dos ocasiones aspiró a competir por la alcaldía de Guatemala, en 2019 y 2023. A lo largo de su vida sumó 42 denuncias en su contra y estuvo ligado a 4 procesos judiciales por parte de un sistema de justicia coludido por grupos de interés que limitaron su participación política. Pese a la persecución que enfrentó, el exilio no parecía ser su opción.

“Él no quería darles el gusto de irse. Él decía, a mí si me meten otro caso, que me metan otro caso. Si me quieren meter otra vez a la cárcel, que me metan a la cárcel. Pero a mí no me van a callar. Yo me voy a quedar aquí. La única forma en la que me van a callar es matándome”, relata Argüello.

Una joven sostiene bajo un paraguas un cartel con un dibujo de Solórzano Foppa y la frase “Foppa vive! 17-10-26”, rodeada de otras personas en la plaza.

“Y entre luchas, sudor que llegan a la mente
nos ha respaldado nuestra gente
hemos visto crecer a nuestros hijos
hemos visto partir seres queridos”.

“Gracias”, El Gran Combo de Puerto Rico
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En un salón lleno de flores y coronas fúnebres están los mensajes de quienes enviaron estos arreglos. “Hoy nos dejas un vacío inmenso pero tu legado y tu recuerdo siempre vive en nuestros corazones”, se lee en la nota de Rita Ruano.

Juan Francisco aparecía en los momentos más difíciles que las personas debieron atravesar durante la represión judicial que duró ocho años de parte de la Fiscal Consuelo Porras del 2018 al 2026.

“Foppa fue la persona que estuvo más presente en todo mi proceso durante la prisión. Te puedo decir que para mí fue fundamental su apoyo. Y por eso le voy a estar por siempre agradecido”, dice el abogado Eduardo Masaya, quien rindió un homenaje de parte del Colegio de Abogados durante el velorio.

Solórzano Foppa lo asistió jurídicamente y otras veces lo apoyó con cuestiones tan prácticas como un colchón para dormir, relata sobre los hechos de enero del 2025.

Por su parte, Sandoval refiere que Solórzano Foppa abogó públicamente por él e incluso lo fue a visitar en el exilio que guarda en Estados Unidos.

“No se trataba sólo de que vino a verme, sino de que me hizo sentir que no estaba solo cuando Consuelo Porras me empezó a llenar de casos en él vi que había personas dispuestas a acompañarme aún en las circunstancias más adversas”.

Los momentos difíciles solo solidifican las amistades. Sobre un caso fabricado por supuestas irregularidades en la inscripción de un partido. Foppa guardó prisión 23 días junto con Argüello en el 2021 en un ambiente de amenazas de motín de pandilleros en Matamoros a los que Foppa había aportado pruebas para sus condenas.

“A mí lo que me hizo vivible estar preso fue estar con ellos, particularmente. O sea, poder platicar, reír, llorar juntos, nos llegaba a visitar mucha gente, nos llevaban comida”, comenta Argüello. Aún en la adversidad Solórzano Foppa hacía sus rutinas de CrossFit, recuerda con humor.

También la persecución legal fue fuente de relaciones laborales en su firma Foppa y Asociados. En el 2023 Solórzano Foppa y Justino Brito Torre fueron detenidos y llevados a prisión por defender al periodista José Rubén Zamora. Ambos aceptaron cargos mediante procesos abreviados para salir, pues no contaban con garantías de un juicio justo.

“Agradecer es demasiado poco. Cuando salimos de prisión le preguntó qué planes tenía porque, por lo menos yo, ya estaba mentalizado que ahí se terminaba tal vez la relación laboral, mas no, la relación humana, pero él dijo ‘no, seguiremos trabajando y aquí hay mucho que hacer’”, rememora Brito sobre el trabajo que arrancaron.

Todos concuerdan en que el exfiscal deja un vacío muy grande. Pero también en que es indeleble. “Foppa hizo pedagogía política”, comenta Masaya sobre una suerte de escuela de cómo hacer política en Guatemala para sus cercanos y de un banco de videos que sirve de brújula social para el pueblo sobre la colusión entre crimen organizado, pandillas y políticos. “Eso lo dibujó él. Él fue el primero que lo dijo, no fue nadie más”, comenta.

Un joven con capa para la lluvia y una pañoleta roja y amarilla sostiene un retrato enmarcado de Juan Francisco Solórzano Foppa en la plaza.

“Maestra vida, de justicias e injusticias
de bondades y malicias
aún no alcanzo a comprenderte
maestra vida que seguro no perdona
voy buscando entre tus horas
el espejo de los tiempos
para ver tus sentimientos”.

“Maestra vida”, Rubén Blades
Escuchar en Spotify

La lluvia sorprende a todos los presentes del Homenaje convocado por la familia en la Plaza de la Constitución, rebautizada Plaza de las Niñas. Ante un conglomerado de personas, se crea un círculo en el permanente homenaje a las 41 niñas quemadas en Guatemala en la tragedia del Hogar Virgen de la Asunción. Tiene lugar la ceremonia maya Julajuj B'atz', un día de cambios dinámicos y ordenamiento espiritual, en el que los tatas y nanas hicieron honores a Juan Francisco para brindar consuelo al pueblo. Es también 20 de octubre el día en que la revolución de 1944 que dio paso a la Primavera Democrática.

“La sagrada lluvia es una purificación”, dice el sacerdote maya. “Es una limpieza, empecemos nosotros mismos a conocernos, y desde ahí a buscar el bien, hacer el bien, estar del lado de los que nos necesitan”, continúa.

Guías espirituales mayas encienden el fuego ceremonial sobre un altar de flores y velas en la plaza, rodeados de personas con paraguas.

Llega al Parque Central un camión de la estación 9 de bomberos, a la que sirvió Foppa con el féretro. Convocando las energías de los cuatro puntos cardinales del universo los sacerdotes honran a Juan Francisco.

“Le quitaron la vida física, pero no la vida espiritual, la vida de sus pensamientos ni la de sus esperanzas”, dice el sacerdote y la gente repite. “No podemos decir que no está presente, está con nosotros y en cada uno”, abunda.

Su madre toma la palabra y remite a Cuba, al entorno en el que creció su hijo diciendo lo que pensaba sin tapujos. La familia retrata la violencia transgeneracional del país. La madre de Silvia, la poeta Alaíde Foppa, fue desaparecida por el Estado en 1980. Dos hermanos de Silvia perdieron la vida durante el conflicto armado. Juan Pablo en combate contra las Fuerzas Armadas y Mario asesinado por las fuerzas de seguridad. El comandante guerrillero Carlos López Arévalo, padre de Juan Francisco, también murió enfrentándose al Ejército. A estas tragedias se suma la de Alfonso Solórzano, esposo de Alaíde, quien fue víctima de un atropello en Ciudad de México en circunstancias no esclarecidas el mismo año que desaparecieron a la poeta.

Sin embargo, de espíritu inquebrantable, Silvia dice a los presentes: “Ha representado al linaje con letras mayúsculas”.

“En Guatemala vino a estudiar los básicos, definitivamente traía ya una energía, una decisión, una herencia de que teníamos que seguir la lucha... falta mucho por hacer, muchos caminos por abrir para nuestro pueblo, 30 años de los Acuerdos de Paz no son poca cosa, no hubiéramos tenido el acompañamiento de los autoridades mayas el día de hoy hace 30 años, hemos conquistado pero falta mucho por andar, la lucha sigue y sigue”, dice Silvia con una voz suave, pero contundente.

El cuerpo se va de la plaza para su inhumación entre aplausos y consignas de “¡Foppa no está muerto, él está vivo!”.

El vehículo de los bomberos, con el féretro y arreglos florales, avanza entre la multitud frente al Palacio Nacional.

“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida
ay, Dios
la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida
ay, Dios”.

“Pedro Navaja”, Rubén Blades y Willie Colón
Escuchar en Spotify

La lluvia ha dado un respiro en el cementerio Los Parques de la zona 8 de Mixco y el sol alumbra los claveles que todos los asistentes llevan en mano. Al igual que el velorio y el homenaje, el entierro ha estado abierto al pueblo de Guatemala.

Un violinista que toca My Way, canción triste que inmediatamente la madre de Juan Francisco pide que corten. Explica que es válido expresar las emociones bailando. “Viva la salsa, no es una fiesta pero lo tenemos que despedir con corazón, como lo conocimos, en parranda, en entrega, en sacrificio, en desvelo con los bomberos, en entrega con sus hijos”, dice.

El ataúd se engalana con la bandera de Guatemala, símbolo nacional sobre el que la hija pequeña de Foppa no ha dejado de reposar su mano. También destacan la bandera roja del Colegio de Abogados, la de la URNG que ha colocado su madre y la gorra de los peloteros de Cuba.

El mismo ron que en la noche anterior aplacó el dolor hoy se vierte sobre la madera en manos de la sobrina de Juan Francisco, una joven que hace un sobreesfuerzo para no quebrarse al micrófono. “Mi tío era un gigante”, concluye.

Junto al ataúd, cubierto con la bandera de Guatemala, una bandera roja y una gorra del equipo de béisbol de Cuba, una mujer se cubre el rostro con un pañuelo; detrás, hombres de uniforme azul y reporteros.

El personal de la funeraria procede al descenso del cuerpo en la fosa y suena Pedro Navaja en versión instrumental, a partir de ahí centenares de personas ponen su clavel y a dedicarle su adiós.

La jornada concluye con una liberación de palomas. Estas mensajeras fueron uno de los animales que Juan Francisco tuvo a los 12 años. Las mensajeras fascinaban al adolescente que llegó a Guatemala un año más tarde el 29 de diciembre de 1996, en la Firma de la Paz, que 30 años después están presentes en su despedida.

“Queremos paz y justicia”, gritan los presentes al vuelo del palomar, “Juan Francisco Foppa, el pueblo jamás te olvidará”, corean después.

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